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Ankara, la OTAN y la seguridad europea

14 Julio 2026
Ankara, la OTAN y la seguridad europea

La cumbre de la OTAN en Ankara evidenció el compromiso de los aliados con el aumento del gasto en defensa y la necesidad de que Europa fortalezca sus capacidades militares ante las nuevas amenazas internacionales

La última cumbre de la OTAN en Ankara logró evitar nuevas tensiones dentro de la Alianza y proyectar una imagen de unidad entre sus miembros. El encuentro reafirmó el principio de defensa colectiva recogido en el artículo 5 del Tratado de Washington y volvió a señalar a Rusia como la principal amenaza para la seguridad de los aliados.

Los países europeos y Canadá se comprometieron a incrementar su inversión en defensa hasta el 5% del PIB para 2035. De ese porcentaje, el 3,5% estará destinado a capacidades militares básicas y el 1,5% a inversiones relacionadas con seguridad y resiliencia.

Además, la OTAN anunció inversiones millonarias en adquisiciones de material militar, el fortalecimiento de la cooperación industrial en defensa y nuevas ayudas económicas para Ucrania en 2026 y 2027.

La cumbre también puso de manifiesto un cambio de enfoque en Europa respecto a su propia seguridad. Durante décadas, los países europeos redujeron su gasto militar confiando en la protección estadounidense. La invasión rusa de Ucrania y las dudas generadas por Donald Trump sobre el futuro del compromiso de Estados Unidos con la OTAN aceleraron el proceso de rearme europeo.

No obstante, alcanzar los objetivos fijados plantea importantes desafíos. Muchos gobiernos europeos deberán afrontar limitaciones económicas y políticas para cumplir con los compromisos adquiridos. A ello se suma la dificultad de desarrollar capacidades militares modernas y de decidir cómo y dónde invertir los nuevos recursos.

Entre las principales carencias que Europa debe cubrir se encuentran los sistemas de defensa antimisiles, misiles de largo alcance, inteligencia militar, drones, capacidades espaciales, inteligencia artificial, producción de munición y la preparación de tropas para conflictos de alta intensidad.

El desarrollo de una verdadera autonomía estratégica europea continúa siendo un objetivo a largo plazo. Diversas estimaciones sitúan ese horizonte entre finales de la década de 2030 y comienzos de la de 2040.

A pesar del fortalecimiento de la industria militar europea, gran parte del rearme dependerá de adquisiciones a empresas estadounidenses, lo que mantendrá una importante dependencia tecnológica y militar de Estados Unidos. Por ello, Europa seguirá necesitando a la OTAN y al respaldo norteamericano en materia de seguridad.

Джерело ABC